24.12.06

Felices Fiestas


Bueeeno, aquí teneis la consabida, la típica, la tópica, la rutinaria y aburrida felicitación navideña de toodos los años.
Vale, pero todo lo anterior no quiere decir que no sea sincera.
Lo es.
Para la ocasión he elegido una tabla de Fra Angélico que siempre me gustó. Ingenua y tradicional , es una de las primeras que reune todos los tópicos del Belén navideño.
Os deseo que paseis unas Fiestas inolvidables (por lo buenas) y que tengais un año 2007 muuucho mejor que el 2006.
Xac Mazo o, para los que me conoceis, Marcos.

8.12.06

FAUNA MINERA: LA GIRATORIA

PALISTA DE CANTERA
Litopedes giroscopae
En episodios anteriores de Fauna Minera hemos hablado de la tragedia del barrenista ( Litófago horríbilis) , el cual se ve obligado a trabajar duro para ver como la mayor parte de sus presas le son arrebatadas por otros predadores y carroñeros mucho mas fuertes y mejor armados. Hoy tenemos la maravillosa oportunidad de ver en acción uno de estos superpredadores: la giratoria (Litopedes giroscopae) , un monstruo cuyos mayores ejemplares superan las mil toneladas.

El ejemplar que aparece en la fotografía (sorprendido en plena cacería) es de tamaño medio, apenas cien toneladas, y aún así puede apreciarse la ferocidad de su aspecto y las características de su técnica de caza. Las giroscopae, a diferencia de otras Litopedes, no persiguen ni acosan a sus presas, sino que cazan con una técnica mixta de acecho y rececho. Se mueven muy lentamente a fin de acercarse sigilosamente a la manada de rocas sin alarmarlas y una vez que han conseguido colocarse a una distancia conveniente de sus presas (con frecuencia consiguen infiltrarse en el interior mismo de la manada, como en este caso), con un movimiento que resulta sorprendentemente ágil en un ser de este tamaño las capturan de un mordisco. Observemos cómo la estructura de la cabeza, situada en el extremo de un poderoso pero esbelto cuello provisto de fuertes músculos y tendones, está admirablemente adaptada a su función predadora. La presa, en este caso piedras de la variedad conocida como Petra calcaereum, se ve imposiblitada de escapar debido a la peculiar biodinámica de las mandíbulas de la Litopedes, provistas de dientes puntiagudos especialmente evolucionados para penetrar y desgarrar las tiernas carnes de la roca al mismo tiempo que impiden cualquier intento de fuga gracias a su posición en el borde anterodistal de la mandíbula. Debido al movimiento circular de la cabeza al atacar, cuanto más se debata la presa con mayor fuerza se verá empujada por la mandíbula y los mortíferos dientes hacia el interior del buche.

La giroscopae es perfectamente capaz de cazar por si misma, sin embargo con frecuencia merodea por los alrededores de los terrenos de caza de los Litofago, a sabiendas de que su peso y envergadura, así como sus temibles dientes, le proporcionan ventajas a la hora de competir por el alimento que éstos arrancarán de la montaña. Además la técnica de caza del barrenista pone al alcance de la giroscopae piezas jóvenes y saludables que de otra manera le serían muy difíciles de capturar.

La relación entre las Litopedes y los Litofago parece ser completamente parasitaria, pero en episodios posteriores trataremos de las relaciones simbióticas entre diferentes especies en el hábitat minero. En particular trataremos de la asociación que se suele dar con frecuencia entre las diversas variedades de Litopedes y los Acémilarrodantis (camioneros).

7.12.06

El sexo de los erizos

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Contra lo que pueda parecer los erizos son importantes en nuestras vidas. Por si algún habitante de la ciudad no lo sabe, los erizos son esos animalitos llenos de espinas por fuera (si estuviera lleno de espinas por dentro sería un pez) que casi nadie ha visto nunca salvo en forma de aditivo para firme de carreteras.

Pero antes de convertirse en pegatina sobre el asfalto –alegorías pegajosas de nuestra indiferencia frente al resto de las formas de vida que pueblan este planeta, que dirían Nfer o Shamain – hay que decir que el erizo también es un simpático e inofensivo animalito que cumple una importante función como exterminador ecológico de insectos y alimañas. Ellos mismos son una ecología ambulante. (Una vez llevé uno vivo a casa para que lo vieran los urbanitas de mis hijos. Mi mujer dándose cuenta que estaba “habitado” le roció con insecticida. El animalito “corrió” a esconderse bajo el sofá, dejando tras él un rastro de una increíble diversidad biológica).

Bueno, disquisiciones aparte, normalmente son animales tímidos y recatados que casi nunca salen de su barrio y cuya vida sexual brilla por lo inexistente. (Ya sé que hay mucha gente así pero al menos no tiene la espalda llena de espinas para hacerlo todavía más difícil). A lo que íbamos: por estas fechas a los erizos les entra el mono de sexo y recorren largas distancias y se exponen a cualquier peligro por un polvete. Por ejemplo: son capaces de cruzar autopistas sin mirar. Y de noche!. Como son tan rápidos como una cajera del prica y tienen peor vista que Estivi Guonder, les pasa lo que les pasa.

En fin, que escribo este post in memorian del pobre bicho que he liquidado esta madrugada. Diez segundos de silencio.

¡Conductores, concienciaos!: los erizos son seres vivos, no animales heráldicos. Por estas fechas un poco de cuidado con ellos no estaría de más.

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2.12.06

FAUNA MINERA: BARRENISTA

FAUNA MINERA
ESPECIES NO PROTEGIDAS

BARRENISTA
(Litofagos horribilis anthropoidea)



Subido en su risco, del que pocas veces desciende, el solitario barrenista o litófago perforador tiene unas excelentes vistas de la cantera y de sus alrededores. Indiferente al polvo y los chirridos estrepitosos provocados por su peculiar técnica alimentaria ofrece un espectáculo aterrador mientras perfora con saña la roca que constituye su alimento.

Su técnica de caza es característica: con infinita paciencia va haciendo agujeros con el pico de su máquina hasta que consigue acribillar una pequeña sección de roca de la montaña. Una vez que el barrenista da fin a la ardua tarea preparatoria, acuden otros barrenistas para colaborar en la caza, siendo ésta una de las escasas ocasiones en que se reunen varios de estos seres , de por sí solitarios. Trabajando rápida y silenciosamente para no alertar a su presa, los barrenistas introducen en los agujeros ciertas sustancias o excreciones que tienen la virtud de romper la roca. La rotura viene acompañada de un gran estrépito y nubes de polvo, y la parte de roca aislada se separa de la montaña y se rompe en multitud de fragmentos aislados; quedando indefensa pues, como todo el mundo sabe, es el fuerte gregarismo de las rocas lo que les proporciona su inmunidad ante los predadores. La roca cazada forma un gran montón al pie de la montaña, a primera vista en mucha mayor cantidad de la que cualquier barrenista pudiera necesitar para alimentarse.

Pero el misterio se explica pronto: el barrenista necesita cazar mucho más de lo que puede comer porque el olor de la tierna roca destrozada no tarda en atraer a otras especies carroñeras de las que pululan por los hábitats mineros. Demasiado pequeños para disputarles la presa a los monstruos metálicos que se baten por los pedazos de roca entre rugidos de muchos decibelios y nubes de humo, los barrenistas se alejan prudentemente. En pocos dias la roca arrebatada a la montaña con tanto esfuerzo ha desaparecido por completo y el pobre barrenista recomenzará el trabajo de preparar los agujeros para una nueva cacería